Reivindicación de la Identidad Castellana de Madrid

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23 de Abril 2017

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El presidente del gobierno español ha anunciado esta semana una lluvia de millones para Cataluña. La Cataluña del 3%. La Cataluña que incumple las sentencias de los tribunales de justicia. La Cataluña quebrada que debe al Estado más de 70.000 millones de euros. La Cataluña que incumple reiteradamente el déficit. La Cataluña en rebeldía contra el gobierno y las instituciones.

No. Esto no va contra Cataluña. Va contra el Estado. Contra ese Estado que lleva décadas sin invertir un euro en Castilla. Contra ese Estado que se crece y se pone chulo ante una Extremadura pobre que incumple su déficit y es multada por ello. Ante ese estado que no hace NADA ante el gravísimo problema de despoblación que sufren muchas provincias interiores de todo el país. Ante ese Estado que insiste una vez más y como desde hace 100 años, en premiar a los díscolos y a los sediciosos, mientras reprime a los leales y a los que cumplen con sus deberes. Ante ese Estado que no hace nada para llevar la banda ancha a esos 2.682 pueblos españoles, condenándolos a morir. Ante ese Estado que convierte en un secarral todo el Sur de Castilla porque se lleva el agua del Tajo a la fértil Murcia. Ante ese estado que lleva 40 años borrando la identidad de las autonomías castellanas. En definitiva, ante ese Estado que ha hecho todo lo que estaba en su mano para dividir, silenciar, manipular y aniquilar a Castilla y a los castellanos.

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El 23 de Abril se acerca. En Villalar de Los Comuneros se celebrará esa romería anual de la vergüenza frente al monolito. Por allí pasarán sindicatos y partidos a los que Castilla les importa una mierda. Y precisamente por eso guardarán silencio ante lo que está pasando en este país. Mirarán hacia otro lado, mientras beben, comen y ensucian ese suelo sagrado que regaron con su sangre nuestros héroes de 1.521.

¿Que debe hacer el pueblo castellano ante todas estas humillaciones?. Difícil respuesta. Pero quizá Cataluña nos esté marcando el camino a seguir. Y si esto a algunos les parece radical, les recuerdo que ese monolito de Villalar honra a otros radicales. Porque ellos, los Padilla, Bravo, Maldonado y Pacheco, no se anduvieron con paños calientes ante los que un día pretendieron saquear el Reino.

VIVA CASTILLA LIBRE

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Castilla: 25 años.

Uno de los mayores placeres que uno puede tener en la vida es conocer su propia tierra. Máxime para un madrileño que vive inmerso en el “cosmopaletismo” que nos vende esta autonomía de opereta patrocinada por Cervezas Mahou y sus estrellas, y presidida por esa genial manipuladora de masas que es Esperanza Aguirre.

Lo cierto es que necesitaba alejarme de la masa para relajarme y casi lo he conseguido durante unas horas. Me fui cabreado y vuelvo más tranquilo pero con cierta inevitable acidez. El destino esta vez era la preciosa Tierra de Campos. Desde Villanueva de San Mancio como base, me estuve moviendo por diversas localidades vallisoletanas como Wamba, Irueña, Torrelobatón, Medina de Rioseco, Belmonte de Campos… En todas partes me he encontrado con la amabilidad de sus gentes, con mares de trigo que en Madrid casi nadie conoce, iglesias de fachada austera pero deslumbrantes por su belleza interior, con castillos que son la firma de un pueblo antaño orgulloso y rebelde, con su gastronomía deliciosa y sobre todo con esa calma que necesitaba y que tanto echaba de menos.

En Torrelobatón hice una de las paradas más largas para poder ver la exposición sobre el Movimiento Comunero que la Fundación Villalar tiene allí. Poco que objetar, salvo que dicha fundación utilice esta importante parte de la Historia Castellana para intentar crear un sentimiento regional en esa Comunidad Autónoma mezclada, donde ya no puede distinguirse a día de hoy ni a Castilla ni a León. Es triste ver como esta tierra perdió aquella oportunidad en 1521. Pero aun peor como ha ido perdiendo sucesivas oportunidades en la Historia por culpa de un pueblo ignorante y provinciano que nunca ha sabido diferenciar entre la lealtad y la sumisión y por unas castas políticas que solo han mirado en su propio beneficio. De aquellos barros vienen estos lodos.

Pero la acidez no me la ha producido la Historia de Castilla sino su presente. No hay pueblo por el que haya pasado en el que no me haya encontrado cientos de casas caídas, tierras de cultivo abandonadas, rastrillos y maquinaria agrícola oxidados en medio del campo, palacetes derruidos, castillos e iglesias convertidos en montones de polvo, fábricas de harina vacías y cementerios cubiertos por la vegetación y que llevan años sin que nadie los visite. De hecho en Villanueva de San Mancio no viven regularmente más de 70 personas. Dentro de poco será un desierto como ya lo es buena parte de nuestra geografía.

Pero aun habría de encontrarme cosas mucho peores. Una fiesta en  Wamba (pueblo que toma su nombre del gran rey visigodo que fuera coronado en esa localidad) a donde algunas mujeres se dirigían vestidas de flamencas. No sé, son cosas que quizás pudiera esperarme en Madrid, Toledo o en Ciudad Real, pero no en plena Castilla La Vieja. Intenté tomármelo como una mera anécdota sin importancia. Pero es que también me he topado con cartéles de fiestas rocieras en Tordesillas. La vieja Tordesillas donde muriera la última reina castellana. Cualquiera de esos carteles hubieran servido de epitafio en la tumba de Juana I como símbolo de la muerte de todo un pueblo y de toda una cultura.

25 años. Eso es lo que le queda de vida a nuestra tierra y quizá esté siendo muy generoso. Castilla se muere no solo por el abandono humano e institucional, sino por una brutal contaminación cultural tolerada cuando no inspirada por los propios poderes públicos autonómicos y municipales. Poderes públicos que emanan de la voluntad de un pueblo indolente, que ha sufrido como el resto del país un deliverado proceso de imbecilización notable. Y siento ser así de duro con mis propios paisanos, pero es como lo siento.

Ardua labor tenemos los castellanistas sin duda y nuestro peor enemigo es el conformismo. Solo hay que mirar las edades de los que militan en organizaciones políticas y culturales castellanas para que uno empiece a alarmarse. Porque lo cierto es que no está habiendo un relevo generacional. Castilla se muere de vieja y el castellanismo envejece con ella.

Necesitamos que nuestro mensaje llegue a los partidos estatales y a toda la sociedad. Pero sobre todo a los jóvenes. Esa juventud sedienta de identidad y que muchas veces se siente acomplejada ante compatriotas de otras zonas de España, para los que no es obstáculo amar y defender a su tierra a la par que sentirse españoles. Enfrente tenemos al monstruo. A esa burguesía centralista que en su día decidió borrar a Castilla de la mente de los propios castellanos para defender sus propios privilegios de clase. Y también a esas otras que han sacado buen provecho de la decadencia castellana. Ya no habrá más oportunidades. Si los castellanistas perdemos esta batalla, Castilla con toda su Cultura e Historia milenaria pasará a formar parte del silencioso frío de los museos arqueológicos o será un mero souvenir en la piscina de un millonario. Y no habrán 25 años más.